jueves, 14 de marzo de 2013

Haz lo que mejor saber hacer

Vivimos en un mundo sin significado, donde la crisis nos entierra vivos. Cristiano Ronaldo está triste. Los sobres ya no guardan cartas a los Reyes Magos. Ir al cine a ver una película en la que te duermes cuesta 7,60. Peter Pan vaga por las calles porque le han embargado el País de Nunca Jamás. Robin Hood está saturado de trabajo. Bogart ya no le pide canciones a Sam porque a este le echaron por no tener papeles. Ya no tenemos a los Beatles ni a Queen. Y esos restaurantes en los que tantas veces comimos han desaparecido. Sin embargo, cuando me parece que todo está perdido, apareces tú, como una especie de máquina del tiempo, y me llevas al pasado o al futuro. Emerges reencarnado en Freud para apoderarte de mis sueños y llevarte mis preocupaciones. No me compres bombones. Ni me escribas poemas manchados por pareados impares. Y, por favor, no me envíes flores, que se me mueren a los dos días; simplemente, ven a verme a menudo con tu traje de mago y tu chistera. Coge tu conejo y tus pañuelos y haz lo que mejor sabes hacer para hacerme desaparecer, como por arte de magia, de este mundo sin significado.

domingo, 10 de febrero de 2013

Uno nunca sabe lo que le espera

No sé si es importante, pero nunca es demasiado tarde para ser quienes queremos ser. No hay límite en el tiempo, puedes empezar cuando quieras. Puedes cambiar o seguir siendo el mismo. No hay reglas para tal cosa. Podemos aprovechar oportunidades o echar todo a perder. espero que hagas lo mejor. Espero que veas cosas que te asombren. Espero que sientas cosas que nunca sentiste antes. Espero que conozcas a gente con un punto de vista diferente. Espero que vivas una vida de la que estés orgullosa. Y si te das cuenta de que no es así... espero que tengas el valor de empezar de cero.

martes, 15 de enero de 2013

Callado e inmóvil, salvo para beber, tenía la ventana abierta y en ella se insinuaban, entre tinieblas, los tejados y chimeneas cercanos. Y entre ellos brillaba una única estrella, quieta, silenciosa y fría. Miraba obstinado la oscuridad, o el vacío, o sus propios fantasmas vagando en la penumbra. Yo conocía bien su mirada cuando el vino la enturbiaba, y era capaz de adivinarla sin esfuerzo en ese momento: glauca, ausente. En su cintura, empapado el vendaje, una mancha de sangre crecía muy despacio, tiñéndole de húmedo rojo la camisa blanca. Parecía tan resignado y solo como la estrella que parpadeaba afuera, en la noche.